Hubo un momento que me rompió: mi divorcio.
No por el dinero. Por la confrontación de no haber estado presente para mis dos hijas porque vivía atrapado en el trabajo.
Ese día entendí que el problema no era cuánto ganaba —era cómo lo ganaba. Mi vida estaba diseñada para que yo nunca pudiera bajarme. Si paraba, todo paraba.
Intenté de todo para escapar: dropshipping, sesiones uno a uno, agencias. Seguía igual de esclavo, solo con etiquetas distintas.
Hasta que descubrí algo que cambió todo: un profesional ocupado no necesita más tareas. Necesita apalancamiento.
Creé Abundantes para que ningún otro profesional con conocimiento valioso tenga que elegir entre éxito financiero y tiempo con los que ama.